miércoles, 5 de mayo de 2010

*Silencio y Asfixia*

.Dirán que soy escoria
que enloquecí
que mi vida es un espacio
ficticio dentro de mi memoria.

jueves, 22 de abril de 2010

.No Sabia.

- A ver...Era más o menos esto:

Si tomáramos consciencia del daño que Jhsg le causó a Zkl, fácilmente nos daríamos cuenta de la implicancia de Sjr en el asunto. No es comprensible, para cualquiera que conozca a Zkl, pensar que Jhsg tuviera, sin la ayuda de Sjr, medios suficientes para vencerlo. Y es que resulta increíble imaginarse el duelo entre ambos sin el brazo escondido de Sjr apareciendo por detras de Zkl. Es justo en el momento en que todo se complicaba para Jhsg cuando, esa jugada, por la espalda, define el desenlace del combate. Ese hombre de negro, encapuchado, que aparece de un segundo al otro sobre el escenario, y que se apresura a dar el golpe mortal mientras Zkl realiza el último esfuerzo por alcanzar a Jhsg; es, creo yo, la personificación de la perfidia, y de todos los actos moralmente malos a los que el ser humano puede aspirar. Sin compasión, movido por celos desmesurados, Srj se encuentra poseído por la maldad; traiciona a su hermano sin dudarlo y, no bastándole con eso, le besa los labios despues de matarlo. Jhsg, en cambio, se haya sorprendido; no comprende cómo todo de pronto se torna a su favor, y de inmediato se deja caer, con gesto afectado, lanzando un sollozo horrible hacia el cielo. Aquí claramente notamos la intención trágica del autor, la polaridad constante entre...

-Para, para. ¿Que mierda es eso? Me dijiste que habías leído un cuento y que me ibas a contar de qué se trataba, ¿no es cierto?

-Mmm, si.

-¿ Y entonces qué es lo que me estabas diciendo antes?

- Eso mismo.

- Ah, disculpa, es que no había entendido...Mmm, permiso, es que de pronto me siento mal. ¿Hablamos luego?

- Eh, bueno, está bien.

...Y sentado en el pasto seguí sin entender por qué hay gente que sabe tantas palabras. Complicadas redacciones sobre aún más rebuscados temas que, perdonen la ignorancia, nunca llego a comprender del todo. Sé que es una estupidez, pero estoy convencido de que acá adentro todo es más fácil. Imagino la tragedia más parecida a ese perro que ladra en la calle. La traición me suena a un saxofón mal tocado o a una sonrisa que nadie vió. Una espada es, antes que un utensilio de acero, una burla a tus espaldas, una mentira alegre.

¿Daño no es lo que nos hace la tierra cuando se acaba el invierno? Por lo menos eso pensaba yo.

Pero tranquilo, que no te estoy contando nada. Si para tí que alguien llore en público significa algo creo que me equivoqué.

De hecho así parece ser siempre. Estar sentado sólo en un lugar como éste, donde la gente viene a inventar su éxito o a gritar que sabe, es realmente una ridiculez. Los que saben ven la ópera, no los árboles. La gente mira la hora pero no se saluda, se regala joyas pero no se ríe.

Es curioso, y yo que pensaba que el amor era tirarse arena.

martes, 20 de abril de 2010

a tí, GRACIAS.

Nosé. Entre pequeños éxitos difusos me sentí bien. Parezco irrespetuoso con mi ideología pero, ¿hay que callarlo si es cierto?. Cuesta reconocerme tan...abierto. Hoy la noche calló suave, me arropó de negros amables y de calma. Qué raro.La tarde no fué fría y el día no fué corto. Más de uno me saludó, suponiendo que me conocía porque llevaba el mismo cuerpo de siempre. Riendo, fuí cortés.
Ingenuos, acostumbrados a juzgar por los sentidos, como si de verdad importara que sean cinco o seis.

Nos sentamos en una mesa limpia sin elegir la de la esquina. Incluso sobre ella había una ampolleta, de veinte watts. Un oficial enmarcado me miraba como si para mí empuñar una espada fuera algo digno de respeto, pero bueno, la cuestión es que no sobrábamos.
-Hola, ¿quieren servirse algo?
Y desde ahí que no pienso en otra cosa.

lunes, 5 de abril de 2010

.A buscarte.

Le agradecí a mi padre las treinta lucas y me senté en el piso a pensar lo que podía hacer con ellas. Casi inmediatamente se me cerraron los ojos.

De pronto el pueblo de Los Andes, el río Aconcagua, las viñas, los campos.

Un rato después, la subida por esa cordillera de mierda que te tiene fuera de mi vista.

Y sí, si llevo mis documentos.

Por supuesto, registre el auto con toda tranquilidad.

Sí, chileno.

No, viajo solo.

Por vacaciones.

Mmm, hasta que la encuentre, perdón, hasta el sábado.

Sí, tendré cuidado, no se preocupe.

Luego; bajar rápidamente a través de los valles y dejar atrás esa infranqueable masa rocosa.

De a poco los pueblos van apareciendo frente a mi mirada extranjera mientras pienso cómo chucha lo voy a hacer.

Por fín, Mendoza.

Pequeñas avenidas, paseos, bares bulliciosos y completas librerías. Gente amable que a cada palabra te recuerda que eres del otro lado. Pero no importa, ahí hay un hotel.

Oiga, disculpe, ¿se aloja aquí...?

Ah, vale, muchas gracias.

Nuevamente en la calle, prendo un cigarro y apuro el paso.

Ahí hay otro.

Oiga, disculpe, ¿se aloja aquí alguien de apellido...?

Entiendo, gracias.

Los carteles del comercio brillan en todas las fachadas y un viento cálido hace sonar las hojas de los árboles al tiempo que cae la noche. Lentamente, la ciudad comienza a despertarse.

Ese sí me tinca.

Oiga, una pregunta, ¿se aloja...?

Ah, bueno, perdone la molestia.

Y continué así hasta medianoche. Cada recepcionista me daba una esperanza que botaba a la basura cuando respondía. Frustrado, decidí dormir en cualquier parte.

La primavera recién llegada me regaló una noche tibia en el banco de la plaza. Además, los cigarros eran baratísimos y la guía turística que había comprado en el kiosko me permitía ir descartando hoteles. Por alguna razón estaba convencido de que al dia siguiente cambiaría mi suerte. En algun lado tenías que estar.

Desperté temprano para seguir insistiendo. Me tomé un café y, sentado en una banca, revisé la guía. Faltaban sólo tres.

Pregunté en los dos primeros y nada. Quedaba la última posibilidad, no podía fallar.

Imposible que salgan antes de las cuatro, me decía, mientras me abría paso en las veredas repletas buscando la calle.

¿Qué cara va a poner? Da lo mismo, ya estás aquí, no dudes.

¿Qué le digo? ¿Cómo explico que no aguanto más sin...?

No importa, concéntrate.

Ya está, es ese de al frente.

Cruzo la calle sin mirar, empujo la puerta giratoria y camino confiado hacia el mesón mirando fijamente al recepcionista.Respiro.

Disculpe, ¿se aloja aquí...?

¡Oye!, ¡Oye!, ¡Despierta por la cresta! Me voy llendo a la playa con una amiga y necesito comprar pitos. Por favor, préstame treinta lucas, juro que te las pago.

¿Ah? Ah, pero es que yo queria ir a...mmm...Bueno ya, toma. Págame a la vuelta.


Una estupidez...

jueves, 25 de marzo de 2010

Voy.

...bueno. Voy a abrir estos rojos y despertar mi dormida para escribir un rato. Está bien, lo voy a hacer. Sí, si entiendo que si no es ahora no es nunca, tienes razón, pero también intenta comprender mis motivos. No es que sea de repente, es siempre. No me acuerdo, viene. No la pienso, está. Sí, si sé que tengo que tratar de sacarla, está bien; ahora mismo voy a empezar.
Voy a escribir hasta que empiece a pensar en ella...

sábado, 6 de marzo de 2010

.Grados.

" Tantos grados como dudas y temores mide el termómetro triste...y puedo llorar sudando. Pasa por mis ojos la ciudad caliente y tensa, siento perfectamente como los edificios se apoyan en mis párpados. Y la gente es de cera, y los autos de fierro, y el cielo de plástico, o sea también de petróleo. Oigo voces de hombres vivos tras el reflejo del sol y veo como todo, poco a poco, se derrite..."


Debemos ser cerca de treinta personas las que vamos aquí dentro. Por las ventanas entra una nada de viento que nos peleamos para respirar. Algunos optaron por quedarse dormidos, y van cabeceando. Cada cierto rato se golpean contra el asiento de adelante, se despiertan, miran a su alrededor y, como nadie se dió cuenta, vuelven a dormirse.


Unos van a donde no saben por qué van, otros vuelven de a donde no saben por qué fueron. No es mucha la diferencia entre ir y venir, si consideramos la inutilidad de ambos y la estupidez de moverse. El tiempo es el andar de la cabeza. Y cuando no pasa nada, los pensamientos se demoran.

Pero los bocinazos me desconcentran. La puerta trasera se abre, y la señora gorda y transpirada baja dificultosamente la escalera. Me pareció que su piel húmeda y colorada quería desprenderse.

Avanzamos otro par de cuadras y nos detenemos en un paradero. Se sube un hombre de camisa manchada y nos ofrece cadenas para la billetera. Nadie levanta la mirada; adormecidos van todos aguantando la presión, aguardando sin que importe llegar a su destino. El vendedor habla solo, se seca la frente y se va por la puerta delantera.

...y la micro va a hacia adelante porque hacia atrás sería lo mismo.

Fin.

viernes, 29 de enero de 2010

Entierra.

La tierra es de papel y tengo una pala de grafito. Vamos.

Abajo, fuerza, levanta, bota. Abajo, fuerza, levanta, bota.

Más rápido.

Abajofuerzalevantabota, Abajofuerzalevantabota.

Abajofuerzalevantabota...

Dos metros por un metro basta.

De profundidad calculo otro metro más...

bajo árboles grandes no hay piedras.

Abajo, fuerza, levanta, bota.

Abajo, fuerza, levanta, bota.

Abajofuerzalevantabota.

Abajo,

fuerza,

levanta,

bota.

Ya está. Ahora a apurarse antes de que aparezca alguien.

Me saco los pies,

luego las piernas,

la espalda,

los brazos,

la cabeza,

y los dejo cuidadosamente en el fondo.

No, nadie vió nada. Termina y vuelve por donde viniste.

Abajo, fuerza, levanta, bota.

Abajo, fuerza, levanta, bota.

Abajo, fuerza, levanta, bota.

Apenas se nota.

- ¡Por fin!

sábado, 23 de enero de 2010

Me dejo verla jugar

Corría a través de un campo que no me siento capaz de describir. El sol depositaba su optimismo sobre esos pastos inacabables, proyectados hacia siempre e interrumpidos de vez en cuando por un árbol, un río, su laguna, o el canto de un pájaro inquieto en ese celeste que lo redondeaba todo. Para ella todo estaba allí, tenía muy pocos años y tanto que mirar. Esos dos que siempre brillaban en su pequeño rostro parecían vivirlo todo; se movían de un lado para otro y no se cansaban de descubrir. La caída de una hoja a causa de la brisa era un fenómeno para su inocencia. Daba un paso, me miraba, y sonreía. Se caía, pero se levantaba radiante y embarrada para perseguir lo que fuera. Se alejaba un poco pero, tratando de que no me diera cuenta, se volteaba para ver si la seguía. De pronto se cansaba, y sentada se quedaba escuchando.

El atractivo eufórico de la selva, con sus mil especies animales de todas formas y colores, no era necesario. Lo bello no es exótico, es simple. Un corazón ansioso en una mañana calurosa, el contraste fresco del agua que corre y el reflejo de la única nube sobre la laguna detenida. La sensación de que todo esté muy lejos, de que nada se pueda abarcar más que sintiéndolo. La tranquilidad de saber que podía escapar y la certeza de que mi mano estaría siempre a su alcance.

Nunca pude olvidar la imagen que intenté contarles. Recuerdo que tiempo antes me había confesado su temor a las arañas.

Para serles sincero, sólo he confiado en ella, porque me dejó verla jugar.

sábado, 16 de enero de 2010

Lo Absurdo de...

Escribir porque sí. Dormirse porque es lo mismo que mandarte un beso. Enviarte esto o cualquier otra cosa, total, siempre "te gusta". Esconder la mediocridad bajo un lector desatento. Fumar.

Despedirse y darte las gracias cuando me quedo y te odio. Trasnochar junto a los prescindibles, que aman como si sirviera. Buscarte desde una silla con ruedas, un papel o una mirada. Despertar para cumplir, vestirse o rezar.

Asistir a la iglesia un domingo, después de haber paseado por calles que no necesitan vereda. Preguntarte como estás para que respondas y no sepa. Acompañarte a una fiesta para que todos griten solos. Presenciar la descomposición de tus sueños y cantar, como siempre, para nadie. Preocuparme por tí, quererte como no debiera. Estar a tu lado cuando lo requieras sin admitirlo, sabiendo que podría estar cualquiera. Llamarte para que le contestes a otro. Estudiar porque es útil y no crecer. Tener corazón.

Correr para huir de mi. Casarse con alguien para toda la vida sin saber ni lo que eres, ni lo que significa alguien, ni lo que es toda la vida. Que la mente esté dentro del cuerpo y que el hombre use reloj.

Ponerle nombre a los pájaros, a los mares y a los niños. Comprar cuadros y pretender que son tuyos. Memorizar una canción y jurar que la comprendes. Hablar, asegurando que se oye lo mismo que dices.

Sonreir para ocultar tristezas, insultar en busca de autoestima, competir con algo fuera de tí.

Invertir en un país ingrato, masa de consentidos ansiosos por reclamar. Culpar a un tú, fundamentar la rebeldía como si pudiera tener causa. Calificar de excelente lo desconocido, (si es excelente, ¿por qué no lo conoces?) Protestar con esperanzas.

Censurar tu inteligencia ante la religión, jugando a que no sabes que "vida" y "eterna" son términos, de por sí, contradictorios. Darle a la biblia la importancia de quemarla y a los sacramentos la credibilidad de ponerlos en duda.

Pensar sobre las emociones, simplificarlas a tal punto que parezcan comprensibles y, lo que es peor, esforzarse por transmitirlas.

¡¡La indecencia de llorar cuando otro puede notarlo, lo grotesco de confesar tus pesares a un ser vivo y su ambición sucia de pretender "solucionarlos"!! Aceptar la existencia de algo tan asqueroso como la psicología. Creer que viajas mientras tienes tu alma fija en un punto. Entristecerme cuando tu avión despega como si no fuera yo el culpable de que no esté aquí lo que sientes. Estar en lo cierto sólo al sufrir.

Decir más sobre lo absurdo. Poner el punto final

miércoles, 6 de enero de 2010

.ERES.

Yo soy escritor, todo el mundo lo sabe. La gente pasa caminando y, al verme sentado en la vitrina, se ríe, se da cuenta de que existo. Incluso creo que me comprenden, como si ese par de miradas creara un lazo entre nosotros; una especie de relación. La pálida luz del mall, los ventanales que reflejan todo, la mucha mucha gente y yo ahí, iluminado por mi lamparita...no sé, es bonito, casi romántico. En mi escritorio de plástico, con mi cuaderno y mi lápiz plásticos, muestro mi rostro de plástico (con su barba plástica) a mis admiradores. A veces hasta siento pena de no poder hablarles, de no poder decirles cuánto me importan. Pero bueno, ellos saben que soy escritor, y excéntrico, y solo, así que me comprenden. De hecho, por eso me compran...aunque poco, bastante poco.

Bueno...cada cierto tiempo alguien se apiada y compra un escritor, pero normalmente miran de lejos. Saben lo que soy pero les intereso a la distancia, sólo a través del ventanal de la vitrina. Sí, es triste, y más lo es conformarse con eso: asumir que puedo vivir de exponerme y de uno o dos guiños al día.

Y es que la vida del artista es dura, tan dura. Sólo soy feliz cuando alguien nota mi angustia, cuando soy su centro de atención. Pero después se va, y entonces lloro hasta que alguien me ve llorando de nuevo. Ahí lloro un poco más para sentirme bien, y luego paro: se va, y así sucesivamente...pero siempre iluminado por mi lamparita.

Soy tan escritor, a veces ni yo me reconozco; un hombre sufrido, aunque sólo si me miran. Siento pena, mucha pena, pero lloro con la condición de que lo filmen...Sí, tanta angustia, tanta soledad cuando me alumbran los focos de mi vitrinita. Pobre de mí que me vendo tan barato...